7 señales de alerta antes de invertir en una acción

Invertir en acciones puede ser una de las mejores formas de construir patrimonio a largo plazo. Cuando compramos una acción estamos adquiriendo una pequeña parte de una empresa y, si esa compañía consigue aumentar sus beneficios durante muchos años, el valor de nuestra inversión también puede crecer considerablemente.

El problema es que no todas las empresas que parecen atractivas terminan siendo buenas inversiones.

Una compañía puede aumentar sus ventas rápidamente, tener una marca conocida o pertenecer a un sector con mucho potencial y, aun así, esconder problemas importantes en sus cuentas.

Por eso, antes de invertir, no deberíamos preguntarnos únicamente cuánto puede subir una acción, sino también qué podría salir mal.

Existen determinadas señales de alerta o red flags que pueden ayudarnos a detectar empresas con un riesgo mayor del que aparentemente muestran.

Una señal aislada no significa necesariamente que debamos descartar una inversión. Pero cuando encontramos varias al mismo tiempo, probablemente merezca la pena analizar la compañía con mucha más profundidad.

Estas son 7 señales de alerta que conviene revisar antes de invertir en una acción.

7 señales de alerta que debes saber antes de invertir en una acción

1. Una deuda que crece demasiado rápido 💳

La deuda no es necesariamente algo negativo.

Muchas grandes empresas utilizan financiación para realizar inversiones, comprar otras compañías, desarrollar nuevos productos o expandirse internacionalmente.

El problema aparece cuando la deuda crece sistemáticamente más rápido que la capacidad de la empresa para generar beneficios y caja.

Imagina una compañía que pasa de tener 1.000 millones de euros de deuda a 4.000 millones en pocos años, mientras sus beneficios apenas crecen.

Probablemente deberíamos preguntarnos qué está ocurriendo.

Además, la deuda se vuelve especialmente peligrosa cuando suben los tipos de interés. Una empresa que necesita refinanciar constantemente sus obligaciones puede terminar pagando mucho más en intereses.

Esto reduce el beneficio disponible para los accionistas y limita la capacidad de la compañía para invertir en su propio crecimiento.

Algunas métricas interesantes para analizar este punto son:

  • Deuda neta / EBITDA
  • Cobertura de intereses
  • Evolución de la deuda durante los últimos años
  • Flujo de caja disponible para pagar esa deuda

No existe un nivel de endeudamiento perfecto para todas las empresas. Un negocio muy estable puede soportar más deuda que una compañía cíclica cuyos ingresos fluctúan enormemente.

Lo importante es analizar si la deuda es sostenible teniendo en cuenta las características del negocio.

2. Los beneficios crecen, pero el flujo de caja no 💰

Una empresa puede presentar beneficios contables positivos y, al mismo tiempo, tener problemas para generar dinero real.

Por eso una de las métricas que más me gusta revisar cuando analizo una compañía es el flujo de caja libre o Free Cash Flow (FCF).

De forma simplificada, representa el dinero que queda después de que la empresa haya generado caja con su actividad y realizado las inversiones necesarias para mantener o desarrollar el negocio.

Ese dinero puede utilizarse posteriormente para:

  • Reducir deuda.
  • Recomprar acciones.
  • Pagar dividendos.
  • Realizar adquisiciones.
  • Reinvertir en nuevas oportunidades.

Si observamos que el beneficio neto aumenta año tras año pero el flujo de caja libre permanece estancado o incluso es negativo, merece la pena investigar el motivo.

Por ejemplo, una empresa podría estar reconociendo ventas que todavía no ha cobrado. Sobre el papel sus ingresos y beneficios aumentan, pero el efectivo todavía no ha entrado.

También puede ocurrir que necesite realizar enormes inversiones constantemente para mantener su crecimiento.

No significa necesariamente que exista un problema. Hay compañías en fases de expansión que necesitan invertir muchísimo capital.

Pero, a largo plazo, una empresa necesita convertir sus beneficios contables en caja real.

Si eso no ocurre, tenemos una señal de alerta.

3. Los márgenes están cayendo constantemente 📉

Los márgenes nos permiten saber cuánto dinero conserva una empresa después de asumir determinados costes.

Algunos de los más utilizados son:

Margen bruto: muestra cuánto queda de las ventas después de asumir los costes directamente relacionados con producir el producto o servicio.

Margen operativo: incorpora también muchos de los gastos necesarios para operar el negocio.

Margen neto: indica qué porcentaje de los ingresos termina convirtiéndose finalmente en beneficio.

Imagina que una empresa factura 1.000 millones de euros y obtiene 200 millones de beneficio neto.

Su margen neto sería del 20%.

Si unos años después factura 1.500 millones pero únicamente gana 150 millones, aparentemente las ventas han crecido un 50%, pero la rentabilidad del negocio ha empeorado considerablemente.

Una caída puntual de los márgenes no debería preocuparnos demasiado.

Puede producirse por inflación, inversiones extraordinarias, lanzamiento de nuevos productos o problemas temporales.

Lo preocupante aparece cuando los márgenes se deterioran durante varios años consecutivos.

Esto podría indicar una mayor competencia, pérdida de poder de fijación de precios, aumento estructural de costes o incluso que la ventaja competitiva de la compañía está desapareciendo.

Por eso nunca analizaría únicamente cuánto crecen los ingresos.

Hay que comprobar también qué rentabilidad consigue la empresa sobre esas ventas.

4. La empresa emite acciones constantemente 🖨️

Esta es una señal que muchos inversores principiantes pasan completamente por alto.

Una empresa puede aumentar sus beneficios y, aun así, generar poca rentabilidad para sus accionistas si constantemente está creando nuevas acciones.

Supongamos que una compañía genera 100 millones de euros de beneficio y existen 100 millones de acciones.

El beneficio por acción sería de 1 €.

Ahora imaginemos que unos años después el beneficio aumenta hasta 150 millones.

A primera vista parece una evolución fantástica: los beneficios han aumentado un 50%.

Pero si durante ese periodo la compañía ha aumentado el número de acciones hasta 200 millones, el beneficio por acción habría caído hasta 0,75 €.

La empresa gana más dinero, pero cada acción representa una parte menor del negocio.

Esto es lo que conocemos como dilución del accionista.

La emisión de acciones no siempre es negativa. Puede utilizarse para financiar adquisiciones o proyectos que posteriormente generen mucho más valor.

También es habitual que determinadas empresas remuneren parcialmente a sus empleados mediante acciones.

El problema aparece cuando esta práctica se convierte en algo recurrente y el número de acciones en circulación aumenta significativamente año tras año.

Por eso, además de observar el beneficio total de una empresa, conviene revisar siempre la evolución del beneficio por acción (EPS) y del número de acciones en circulación.

5. El crecimiento depende demasiado de adquisiciones 🏢

Comprar otras empresas puede ser una excelente estrategia de crecimiento.

Muchas compañías han utilizado adquisiciones durante décadas para entrar en nuevos mercados, incorporar tecnología o aumentar su catálogo de productos.

Pero también existe un riesgo: confundir crecimiento comprado con crecimiento orgánico.

Imagina que una empresa aumenta sus ingresos un 20% anual.

Parece espectacular.

Sin embargo, al analizar sus cuentas descubrimos que únicamente un 3% procede del crecimiento de su negocio actual y el resto se debe a empresas que ha ido comprando.

Esto no significa automáticamente que sea una mala inversión.

Pero sí deberíamos preguntarnos qué ocurriría si dejara de realizar adquisiciones.

Además, comprar compañías constantemente puede generar otros problemas.

La empresa puede terminar pagando precios demasiado elevados, aumentando excesivamente su deuda o teniendo dificultades para integrar los negocios adquiridos.

También es importante vigilar el goodwill o fondo de comercio generado mediante estas operaciones.

Cuando una compañía paga más por otra empresa que el valor contable de sus activos netos, parte de esa diferencia aparece en el balance como goodwill.

Si posteriormente se demuestra que la adquisición no valía tanto como se esperaba, la compañía puede verse obligada a realizar importantes deterioros.

Las adquisiciones pueden crear muchísimo valor.

Pero cuando una empresa necesita comprar constantemente otras compañías para mantener su crecimiento, merece la pena analizarla con especial atención.

6. El equipo directivo promete demasiado 🗣️

No todas las señales de alerta aparecen directamente en una hoja de cálculo.

También debemos prestar atención a cómo comunica el equipo directivo.

Los buenos gestores suelen explicar tanto los éxitos como los problemas del negocio. Reconocen errores, hablan de riesgos y establecen objetivos razonables.

Por el contrario, conviene tener cuidado con empresas cuyos directivos presentan constantemente previsiones extraordinariamente optimistas.

Frases como:

«Nuestro mercado potencial será de cientos de miles de millones».

«Vamos a revolucionar completamente esta industria».

«Esperamos multiplicar nuestros ingresos varias veces durante los próximos años».

pueden sonar muy atractivas, pero no sustituyen a los resultados financieros.

Especialmente preocupante resulta cuando existe un historial de promesas que posteriormente no se cumplen.

Una buena práctica consiste en revisar presentaciones o informes de años anteriores y comprobar qué decía entonces el equipo directivo.

¿Cumplieron sus objetivos?

¿Los beneficios evolucionaron como esperaban?

¿Reconocieron sus errores?

¿O simplemente dejaron de hablar de aquellas previsiones?

También merece la pena analizar cómo está remunerado el equipo directivo y cuánto capital de la propia empresa poseen sus principales responsables.

Cuanto más alineados estén sus intereses con los accionistas a largo plazo, mejor.

7. La valoración exige que todo salga perfecto 🚨

Una gran empresa no siempre es una gran inversión.

El precio que pagamos importa.

Podemos encontrar una compañía con crecimiento de doble dígito, márgenes elevados, poca deuda, una excelente ventaja competitiva y un equipo directivo extraordinario.

Pero si el mercado ya está pagando un precio extremadamente elevado por esas características, nuestra rentabilidad futura puede ser mucho menor de lo esperado.

Este problema aparece especialmente en empresas de moda.

Cuando existe muchísimo optimismo, los inversores pueden empezar a asumir que la compañía mantendrá tasas de crecimiento extraordinarias durante décadas.

El precio de la acción termina reflejando unas expectativas casi perfectas.

En estas situaciones no hace falta que el negocio vaya mal para que la acción caiga.

Simplemente puede crecer menos de lo esperado.

Por ejemplo, si el mercado espera que una compañía aumente sus beneficios un 30% anual y finalmente crecen un 15%, estamos ante un crecimiento excelente.

Pero puede ser insuficiente para justificar la valoración que tenía la acción.

Por eso conviene analizar ratios como:

  • PER
  • EV/EBITDA
  • Price to Free Cash Flow
  • PEG

Y, sobre todo, compararlos con el crecimiento esperado, la calidad del negocio, otras empresas del mismo sector y la valoración histórica de la propia compañía.

El objetivo no debería ser simplemente encontrar grandes empresas.

Deberíamos intentar encontrar buenas empresas a precios razonables.

Una señal de alerta no significa automáticamente «no invertir» 🔎

Después de analizar estas siete señales es importante hacer una aclaración.

Prácticamente cualquier empresa puede presentar alguna de ellas en algún momento.

Amazon pasó muchos años generando poco beneficio porque reinvertía enormes cantidades de dinero en crecer. Otras compañías pueden aumentar temporalmente su deuda para realizar una adquisición estratégica.

El contexto importa. Por eso estas señales no deberían utilizarse como una lista automática para descartar inversiones.

Su función es diferente.

Nos ayudan a detectar qué partes de una empresa necesitan un análisis más profundo.

Si encontramos una compañía con deuda creciente, márgenes cayendo, flujo de caja deteriorándose y una valoración extremadamente elevada, probablemente tengamos motivos suficientes para ser especialmente prudentes.

Pero si encontramos únicamente uno de estos elementos y existe una explicación razonable, puede que no exista ningún problema estructural.

Invertir en acciones implica precisamente esto: entender qué estamos comprando y qué riesgos estamos asumiendo.

Conclusión

Encontrar empresas con potencial es importante, pero evitar grandes errores puede ser todavía más determinante para nuestros resultados a largo plazo.

Antes de comprar una acción, conviene revisar al menos la evolución de la deuda, el flujo de caja libre, los márgenes, la dilución de accionistas, la dependencia de adquisiciones, la calidad del equipo directivo y la valoración de la compañía.

Ninguna métrica debería analizarse de manera aislada.

Una empresa es un conjunto de muchas piezas y nuestro objetivo como inversores debería ser intentar entender cómo funcionan todas ellas.

No necesitamos encontrar compañías perfectas. Probablemente ni siquiera existan.

Lo que necesitamos es identificar empresas cuyos riesgos sean razonables, sus ventajas competitivas sean sostenibles y el precio que pagamos nos ofrezca un margen suficiente para que no todo tenga que salir perfecto.

Porque en Bolsa no solo importa cuánto podemos ganar si tenemos razón. También importa entender qué puede ocurrir si estamos equivocados.

Política de Privacidad
Política de Cookies
Telegram Contacto para
cualquier duda